El clavo

Ese clavo me tiene intrigado. No me explico cómo, pero ha surgido de pronto en esa pared que hay frente a mi lecho. Recién liberado de unas pesadillas, lo observo un momento y me he preguntado si en realidad existe o es un producto de mi somnolienta imaginación. No recuerdo haberlo clavado, ni tampoco qué función pueda cumplir en una pared sin necesidad de adornos. Es extraño; ese clavo no estaba. Es tan sólo un mísero clavo, pero su presencia me ha producido una insana inquietud. Lo observo de nuevo con detenimiento; es un clavo enorme y muy viejo, algo torcido y bastante herrumbroso, pero sostenido firme ahí en la pared, hincando con odio su férrea raíz hasta muy cerca de esa cabeza aplanada que cubre su cuerpo de sádico. Me parece escuchar los lamentos surgidos de la carne y el hueso de yeso y ladrillo; noto cómo hinca su afilada ira sin necesidad de esfuerzo y lacera su nervio central, pero, pese a ello, se muestra impertérrito, altivo, grandioso, y parece reírse ante su pasividad… Me siento agotado. Se me hace complejo pensar en el clavo y sus intenciones… Siento un gran sopor…

****

Ahí sigue el dichoso clavo… De nuevo despierto y ese mismo plano se abre ante mis ojos. Otras pesadillas me han dejado exhausto. Prefiero cantarlo, aunque sea muy malo, al menos así saldré de este espanto…

Esta vez soñé convertirme en pájaro,

volar por encima de altos tejados

y, al final, cansado de tanto volar,

posarme en la rama de un sauce llorón, cayendo atrapado

en la pegajosa liga de un cruel muchacho…

Soñé también con ser ese grillo feliz cantando en la noche, grillando a la Luna con cantos de amor a sus reflejos plateados, y después morir, sin siquiera esperarlo, por las garras de un hambriento ratón perdido en el campo…

Y ahora de nuevo, por desgracia, otra vez el maldito clavo oxidado… Veo que no ha rendido su conquista; y observo además que ha logrado extraer de sus entrañas una lágrima roja que tiñe su base… No, espera… no es tan sólo una… Un lento goteo ha marcado un surco en el blanco tabique y una línea escarlata afluye hasta el mismo suelo yaciendo en un charco. ¡Pobre…! Ella, majestuosa hasta el mismo techo, altiva, impoluta y vertical, por fin se ha rendido para ofrecerse entera al imperfecto, inane y vejestorio clavo, del que colgarán un cuadro, un Cristo de cruz o un marco relleno de una foto fría, sin vida, y harán de su dolor y esfuerzo el sostén de su vacuidad. Las Parcas son impasibles, y nunca distinguen al bueno del malo. Unos que se dejan, otros que aprovechan su pasividad… ¡Paredes sin clavos…!

Aunque si lo piensas bien… ¿para qué nos sirven paredes en blanco?

-o-o-o-o-o-

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Microrrelato y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s