El tiovivo

144_El tiovivo

Sus ojos se agrandaron como platos al descubrir la loca alegría de aquel tiovivo, pletórico de relucientes purpurinas entremezcladas con unos armoniosos tonos de color pastel; para su deleite, creyose por un momento la única asistente y palpó de cerca a sus inanimados personajes viéndolos subir y bajar suavemente, accionados en perfecta cadencia por un invisible mecanismo mientras completaban sus inacabables giros llevándoles a ninguna parte. Eso la hizo infeliz y deseó su libertad. Sintió que la música la envolvía en su baile y cerró los ojos para desear con todas sus fuerzas lo imposible; los alocados latidos de su corazón empujaron aún más sus ansias de lograrlo y creyó escuchar los alegres relinchos de aquellos caballitos de madera librándose del yugo para galopar por ficticias praderas donde la hierba se mostrara a sus inesperados visitantes con un exuberante verde, fresca y dispuesta como dulce pasto con que recuperar las gastadas energías de tan hermosos animales, y …

El hombre tiró hacia atrás y empujó la silla de ruedas para alejarse del bullicio de las ruidosas calesitas. Mientras, Annie siguió soñando con aquella carrera por alcanzar la libertad y adentrarse por fin en la belleza de un mundo creado exclusivamente por y para ella.

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