La olla azul

¿Qué…? ¿Qué tal te encuentras…? ¿Te atreves a dar una vuelta conmigo…?

Venga, vámonos y hablamos tranquilos los dos. Eso es, sin prisas; el tiempo no es ya nuestro mejor tesoro… ¿verdad? El parque nos espera y nos sentaremos en el mismo banco cuya presencia guarda ese gran magnolio que siempre cobija al viandante con su fresca sombra, y nos contará a los dos sus viejas historias.

Sí, no llores… Ya sé que hoy hace seis años que ellos no vienen a vernos… Debes entenderlo… Ellos son dueños de sus propias vidas, viven sus problemas, y ni tú ni yo debemos ocupar ahora el más pequeño espacio entre las costuras de sus corazones… La vida es así, mi querido amigo… Por eso, olvida el pasado, cumplimos ya nuestro propio destino; siéntete orgulloso de esos recuerdos que aún nos alegra este poco tiempo del que disponemos…

¡Cuidado…! ¡No te tropieces! No estamos para maratones, mi querido amigo, así que vamos despacio, tranquilos, sin prisas… Agárrate al pasamano y salgamos al jardín…

¿Te acuerdas…? Amalia solía decirnos que cuando caemos al vacío es cuando nos damos cuenta de que siempre tuvimos un par de enormes alas, pero también descubrimos que nunca se nos dio la oportunidad de aprender a volar. Aún no es tarde; somos viejos, lo sé, pero eso no es obstáculo para que nos demos cuenta de que cada eslabón de nuestras sucesivas generaciones es una oportunidad más para aprender que el amor es nuestro único objetivo… Volemos, pues; batamos nuestras alas, remontémonos por encima del Sol y acariciemos sus rayos con estas nuestras manos de barro, aunque sólo dispongamos del sabor de la hiel para endulzar nuestras lenguas de trapo…

¿Ves…? Pasito a paso y hemos llegado. Ya estamos en el parque y todo es quietud… Nos ha costado un poco; nuestros pasos son lentos, pero a todo se llega contando con tiempo sin nada que hacer… Me encanta este verdor, pero sobre todo sentarnos y escuchar al magnolio…

¡Mira…! Parece que nos saluda y se alegra de vernos. ¿Notas cómo agita sus hojas y ofrece a nuestras manos esa grandiflora que cuelga de su rama más baja…? ¿Te has dado cuenta cómo el pistilo suelta para nosotros una lágrima de su dulce almíbar…? Se alegra de tenernos cercanos, de notar nuestra voz, de que sepamos que él también está vivo y, aun su senectud, todavía tiene fuerzas para ofrecernos esa esperanza y belleza… Sí, no llores… ya sé que esa flor la perdimos los dos…

Sentémonos… Amalia solía decirnos que en la otra vida hombre y mujer llegarían a verse asexuados, frente por frente, para disfrutar en consuno de lo verdadero, sin otras ataduras que el máximo placer de observarse, mezclarse en sus propias esencias y cocinar sus almas en lo que ella llamaba “La olla azul” para hacer de su fusión un pequeño lingote de amor…

¿Te imaginas, amigo…? ¡Un pequeño lingote de amor…! Me pregunto cuánto pesaría algo tan valioso… ¿Tú no…?

Bueno… ya es tarde. Ha llegado la hora de irse… Creo que seis pastillas serán suficientes… Y no te preocupes por nada; ellos nos encontrarán, te lo aseguro… Y nos darán sepultura, aunque eso poco nos importa, ¿verdad…? ¡Nos espera esa hermosa olla azul…! Amalia… Amalia…

-o-o-o-o-o-

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Microrrelato y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s