Luna menguante

Salpicada de cieno, triste figura de mujer maltratada, bella y esbelta desde tu despertar al amor, cándida y creída, dulce inocente, incongruente al mal, desvelada atenta, ángel de grata compañía, ardorosa amante, solícita madre, hermana sabia, tierna amiga, abierta al detalle del injusto varón por cruel amado, fiel creyente de quien nunca mereció gratuita devoción… ¿Acaso comprenderte se podría?

Marcas en las carnes cerúleos nubarrones de odio y tu mirada tiende a esconderse cuando rindes con vergüenza la almendrada cara hacia el blanco nacimiento de esos senos que enmarcan tu hermoso corazón, mujer silente, mujer amante, mujer menguante… Menguante porque atizas al amor tu sufrimiento hiriente, menguante porque asientes y consientes, menguante porque sufres por quererlo, porque nutres sin saberlo odio inconsciente, porque matas poco a poco tu respeto… Y así menguas, mujer, paso tras paso, sexuado ángel expulsado de un cielo injusto e invertebrado… ¿Acaso no adorarte se querría?

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