El aparato

El comerciante me había asegurado que aquella radio de microchips de última generación conseguía captar en estéreo y con perfecta nitidez todas las cadenas marcianas, algo desde luego extraordinario, así que no lo dudé y le puse encima del mostrador el exagerado precio que me pidió por ella.

Salí de la tienda loco de contento, agarrado a mi flamante adquisición y deseando llegar junto a mi pareja para compartir con ella esos programas que me dijo que solamente emitían música sideral, idílicas composiciones que conseguirían transportar nuestras almas a las estrellas… Pero fue un chasco: sólo pude sintonizar de nuevo los dichosos publicitarios de aquellas malditas cadenas terrestres que continuamente distorsionaban las ondas de mi querido planeta.

 

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