Un sujeto refinado

Cuando llegó a la puerta tomó conciencia de su lamentable falta de protocolo y retrocedió el camino hecho. Se puso su mejor traje, una roja corbata cerrando el cuello de su camisa y aquel sombrero de ala adornado con una brillante banda de seda gris. Para rematar, calcetín americano de moda, unos impecables zapatos de corte italiano recién lustrados y, en el ojal, una de esas rosas blancas que tanto le gustaba enarbolar como bandera de su estilo “chic”. Se miró en el espejo reconfortado, chasqueó con delicia ególatra sus dedos y volvió a tumbarse en el catre cruzando los brazos sobre el pecho en señal de paz consigo mismo. Al llegar de nuevo a la Puerta, San Pedro le felicitó con una reverencia y le concedió el acceso eterno al Reino de los Muertos Elegantes.

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2 respuestas a Un sujeto refinado

  1. Ana dijo:

    La verdad es que hay que ir siempre bien arreglado a los sitios, te miran mejor si llevas buena imagen. Divertido tu micro. Me ha gustado. Saludos.

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