Ácido vómico (3)

En la calle siempre sostenía un diálogo amable y mesurado…

En la casa no escuchaba, imponía su ley con sus fieros golpes.

─”Es un tío estupendo“, decían.

En la calle amaba al prójimo, lo redimía y cuidaba con mimo…

En la casa su propio prójimo debía perdonarle a él.

─”¡Qué buena persona…!, comentaban.

En la calle aceptaba sumiso las órdenes más autoritarias…

En la casa su mujer e hijos eran súbditos comunes de su intolerancia.

─”Un trabajador fiel y sumiso…“, afirmaban sus jefes.

En la calle concedía la razón hasta en los asertos más inanes…

En la casa no había razones para opinar siquiera.

─”Es imposible discutir con él“, concedían sus compañeros.

En la calle organizaba alegres festejos con los camaradas…

En la casa era director y actor principal de sus diarias tragedias.

─”Siempre está presto para ayudar“, ensalzaban los más crédulos.

En la calle decían de él que era un tipo excelente, un gran amigo…

Por eso nadie entendió el increíble y macabro drama…

─”¡Pobre hombre…, vaya familia que tenía…!, lloraron su inesperada muerte.

Se clamó venganza en la calle… ─”¡Venganza…! ¡Castigo al culpable…!

Hoy… su esposa, sus hijos, ya fuera de casa, penan en su cárcel el odioso crimen.

Y en la calle…, falta un hombre bueno, un tipo excelente

En la casa…, el alma de un falso, allí condenada, a sus víctimas busca otra vez

Y un clavo en la puerta…, colgando soporta la doble careta que así utilizaba.

-o-o-o-o-o-

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