Noche en el cinematógrafo

Nadie le vio entrar en medio de aquella oscuridad. Accedió en silencio y se acomodó en un rincón de la sala contemplando la gran pantalla en la que se proyectaba la terrorífica escena de un individuo disfrazado con una careta infernal que se disponía a despedazar con su sierra motorizada a una aterrorizaba mujer, dando gritos de espanto y atada como estaba por sus extremidades con cuatro oxidadas cadenas encima de un camastro pringado de sus propias deyecciones y otras inmundicias. Sus rasgadas ropas, manchadas de una sangre brillante y pegajosa, dejaban entrever los negros moratones que cubrían la mayor parte de la delicada piel de sus muslos. Los movimientos de la desafortunada mujer eran inútiles ante sus intentos de escapatoria y, mientras el motor de la pesada herramienta rugía con hambre mezclándose con aquellos alaridos de terror, sus afilados dientes se fueron acercando hasta uno de sus brazos con la intención de comenzar cuanto antes la brutal carnicería. Se notaba que aquel sujeto disfrutaba con el llanto de la fémina, y reía y reía con gruesas carcajadas, retorciéndose con lujuria, absorbiendo con placer su sufrimiento. Vio cómo la cámara enfocaba un primer plano del rostro del individuo y se detenía durante unos segundos gozando en el rictus de una repulsiva y casi desdentada boca mientras gritaba algo y se le escapaba un salivajo. No conocía ese idioma, pero dedujo que aquel psicópata le estaba exigiendo que se callara de una vez. Él disfrutaba también de la escena en su rincón, quizás con mayor placer aún, y se dijo que, cuando el protagonista consiguiera por fin acallar a aquella vociferante rubia, probaría esos mismos métodos con todas aquellas gentes que miraban embobados la gran pantalla, sentados frente a él con sus bolsones de aquella blanca e hinchada materia orgánica que introducían sin descanso en sus redondas y babeantes bocachas… El repugnante alienígena de alargadas pinzas en forma de cortantes guadañas no necesitaría de herramienta alguna; salió con sigilo de su escondrijo y comenzó a reptar hacia la primera fila…

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