El cuick

Era la tercera vez que oía ese enigmático y rechinante “cuick”; tenía un matiz como metálico, quizás como el sonido de unos finos dientes de acero rozándose entre sí…, pero no estaba seguro y no sabría muy bien cómo definirlo. Alarmado, se levantó de un salto y se mantuvo en pie, quieto y atento en la oscuridad durante algunos segundos, pero no volvió a escucharlo y optó por volver a recostarse en el lecho y tratar de conciliar el merecido descanso; la jornada había sido muy larga y estaba realmente agotado. Miró los fosforescentes números del despertador… Las tres, y sin poder dormir. Al cabo de un par de minutos, se dio la vuelta y de nuevo volvió a escuchar el irritante “cuick”, pero esta vez seguido de otro ruido no menos extraño…, “creeooaaack”, como el murmullo de una enorme rata alienígena dispuesta a saltar sobre él, acechando en la penumbra y con las fauces abiertas para engullir su desgarrada carne. Este último sonido sí le alarmó lo suficiente como para despertarle ese inmenso terror a lo desconocido; notó cómo se le ponían los pelos como escarpias y a punto estuvo de taparse con la manta hasta la cabeza, pero se contuvo… “No seas niño, Robert… Ya eres bastante mayor para creer en monstruitos…”, se dijo con ánimo de tranquilizarse. Le dio miedo extender su brazo y encender la lamparita que estaba al lado del despertador sobre la mesita de noche. Abrió los párpados al máximo para poder escudriñar algo en la casi absoluta negrura, pero lo único que pudo ver fueron esos cientos de fugaces estrellitas de distintos colores que se suele observar cuando uno se restriega con fuerza los ojos. Se dijo que todo debía ser producto de la imaginación; su mente debía estar tan agotada que le jugaba esas malas pasadas… Pese al miedo que le atenazaba procuró dominarse y retomar el sueño cuando, por quinta vez, después de darse la vuelta sobre el otro costado, resonó aún más alto el ya conocido “cuick”, esta vez seguido inmediatamente del terrorífico “creeooaaack” y después un fortísimo “zaaataplam”. Cuando se vio con su cuerpo en el suelo, aún encima del colchón y del viejo somier de muelles, suspiró más tranquilo, y se dijo que por fin había llegado el momento de cambiar por otra más moderna la vetusta cama de su abuela.

-o-o-o-o-o-

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cuento. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s