PSP – Acmet

Miraba el firmamento en busca de algún consuelo para su soledad, pero las estrellas tan sólo le guiñaron sus rutilantes ojos en señal de jocosa burla. Los dos grandes Soles ya estaban  cayendo en el horizonte reclinando por fin su mirada, uno desde el norte y el otro desde dirección suroeste; ambos ofrecían una estampa única de mortecina luz cruzándose de forma caprichosa en ángulo de sesenta grados, y así se despedían el uno del otro en señal de fraternal descanso mientras besaban con sus últimos rayos la quemada capa del planeta, ése insignificante ovoide en cuyo yermo se mezclaban cada nuevo día los colores rojo irisado del moribundo Truno y el suave verde turquesa del joven Vestis.

Estaba desorientado. Su cuerpo necesitaba el imprescindible calor de esos dos astros que ahora le abandonaban por unas cuantas horas, siempre indefinidas; unas veces dieciséis, otras treinta y dos, según cómo quisiera el recorrido del errático planeta, carente de un patrón previamente establecido. Diríase que era la negación de la esencia matemática que rige siempre el Universo. Producto del resto del planeta origen y de la aglomeración condensada de otras rocas ígneas  e innumerables detritus siderales arrancados en la antiquísima colisión de otros tres planetas ya desaparecidos, el nuevo Silicius giraba en torno a esos dos extraños Soles, unas veces Truno, otras de Vestis, taciturno, condenado en el sinfín del tiempo a vagar entre ambos al albur de una caprichosa y loca elíptica, como un erótico trío de una lasciva mujer y dos ardorosos amantes exigentes disputándose siempre su sensual compañía.

Era el momento de retirarse a pensar, seguir en el refugio y esperar ansioso sus nuevos despertares, impredecibles siempre… Su esencia estaba hecha para no tener necesidad del sueño reparador, y sus cuadriculados ojos vigilaban siempre abiertos, carentes de párpados y en máxima alerta para aprovechar el menor resquicio de luz solar y asegurarse con ello varias horas más de existencia. La negrura de la noche era su mayor enemigo. Alcanzado por las sombras al fin, se notó incomodado otra vez en el interior de una de las grandes oquedades que en gran medida agujereaban todo el planeta, y allí seguiría siendo fuerte una vez más, a la espera de un nuevo doble amanecer…

Una ráfaga de aire caliente levantó algo del vetusto polvo acumulado a su alrededor y por un breve momento un último claroscuro de luz dejó entrever en el marco de su figura un extraño e incomprensible bajorrelieve: “Photovoltaic Solar Panel.- ACMET, British Engineering Company.- Serial 00016752498SE.- Made In Taiwan”.

 

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