¡Negro!

Llora la otra mitad del Sol escondiendo ya con rubor su flamígera faz de Dios del Fuego, mientras las oscuras siluetas de unas pocas acacias y algún aislado baobab sirven de primer plano al profundo horizonte de la extensa sabana. En su triste despedida le acompañan los últimos vuelos del cuervo; ríen las hienas sus lascivos chistes persiguiendo en brujeril conciliábulo al último cachorro enfermo, abandonado y solo por la siempre ignorante manada de ñúes y, mientras la vida se realimenta nuevamente de más vida, a costa siempre de sí misma, mil voces susurran y mezclan sus miedos temiendo la pronta oscuridad en la selva que les sirve de límite a la peligrosa llanura. Cerca del río, orillando los últimos matorrales limítrofes, se escuchan las guturales voces de algunos hombres danzando enloquecidos alrededor de un fuego; con sus extraños cánticos parecen lamentar el obligado descanso del padre Sol mientras ansían la pronta aparición de la hermana Luna. El pequeño poblado recibe con inquietud otra nueva noche, y esperará que pase escuchando el tenso silencio que en apenas minutos ofrecerán a ese pequeño mundo un millón de estrellas y las blancas mieles de la Vía Láctea.

¡África…el rico Continente…!

Dos hombres nervudos, primitivos y enjutos vigilan afuera una tosca tienda de ramas y barro; el jefe Bonhah ha impuesto la severa orden de ver y escuchar, pero no de entrar…, y gritar sin falta cuando gima el gato su llanto natal. Dentro del chozo dos viejas mujeres de secos y caídos senos atienden expertas el parto de Wanna, la joven africana de quizás quince años, una de las diez que forman el autoritario clan de su raza, otra parturienta que con mucha suerte le dará a la selva una vida más. Quiebra en el suelo unas ramas el sigiloso paso de un félido, observa con sus abiertas pupilas el agreste poblado del extraño hombre negro y al cabo de un par de minutos huye del lugar sorprendido, seguramente asustado por el movimiento inopinado de uno de ellos. Es el vigilante, el que con su lanza hace respetar la paz del entorno.

Rompe el llanto, al fin… El negro gato ha nacido; llora acompasado con el ulular del búho, el canto del grillo y el croar de las pequeñas ranas del manso río… Un moreno más que un lejano día tomará camino al ansiado Edén, sufrirá distancias de sudor y lágrimas, se venderá y será comprado, alquilado, saqueado, vituperado y hasta violado… Cualquier cosa para llegar a la Tierra Prometida. Y cuando por fin alcance la meta soñada, gritará “¡Europa!”, abrirá admirado sus grandes ojos y, mirando al cielo con la boca abierta, trepará con ansias sajando su negra carne en las finas cuchillas que han limitado siempre su bella sabana… Su vana esperanza de progreso y pan serán su frontera anegada en sangre, de su roja sangre, nuestra sangre roja, su inocente orgullo, de partos inútiles tantas veces más…

¡África… su pobre Contenido!

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2 respuestas a ¡Negro!

  1. David Rubio dijo:

    Hola Manger, ya leí este artículo en Falsaria. Aunque ahora mi participación allí es más escueta siempre leo a “mis preferidos”. Este texto me parece espectacular. No solo por lo bien escrito que está (Ya comenté alguna vez que tu dominio del idioma me tiene acomplejado) si no por cómo consigues escribir-razonar-sentir como si ese africano fuera el escritor. Eso es lo que hace de este, un relato extraordinario.
    Ya te agregué a mis blogs para “tenerte bajo control”.
    Un abrazo

    • Manger dijo:

      Hola, amigo David. Sé que visitas poco ahora Falsaria, y lo siento porque tus bellos textos enriquecían esa red, y ya sabes que se te echa mucho de menos, pero tus razones tendrás. Muchas gracias por tus amables comentarios; creo que eres muy complaciente conmigo, y en nada debes sentirte acomplejado, porque eres un verdadero escritor,
      y yo apenas empiezo ahora.Hasta no hace mucho, apenas unos meses, mi dedicación ha sido en exclusiva para la abogacía y, eso sí, mi experiencia en la escritura se centraba en la diaria redacción de demandas, contestaciones, recursos, etc…, ya sabes, y eso durante casi cuarenta años. En fin; que me alegra mucho haberte localizado, y que te agradezco mucho que me tengas en esa lista de “preferidos”, haciéndome ese inmerecido honor. Un fuerte abrazo, y decirte que también sigo tu blog para “tenerte bajo control”. Hay que seguir aprendiendo.

      P.D.- Se me olvidaba, David; puedes llamarme Germán.

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