De la mano

Ambos van asidos de la mano procurando no salirse del estrecho arcén. La carretera es larga y recta, cubierta de baches, de un viejo pavimento cuarteado por las inclemencias del tiempo y el continuo rodar de los sucios neumáticos. Él, algo flaco y desgarbado, luce un pantalón corto y una camisa a cuadros; ella, más baja y en cierta forma gordita, camina a su lado con unos andares graciosos, cruzando a veces las puntas de unos pies calzados con zapatitos de brillante charol, blanco pantalón y camiseta fucsia. Siete y cinco años suman doce siglos de bellas ilusiones, de grandes experiencias, de amores y desamores. Los dos se miran nerviosos, y sus tiernos ojos inquieren mil dudas del uno hacia el otro; mas no se responden… caminan silentes sabiendo tan sólo que deben seguir caminando hacia el frente, buscando alcanzar ese puente brillante que se yergue al final del camino, y seguir su estela. No quieren mirar a su espalda… les da mucho miedo; estremece el pensar que están solos, perdidos en esa jungla de piedras y asfalto… Ambos están muertos y caminan juntos hacia el Más Allá; un absurdo accidente les segó la vida cien metros atrás… No quieren mirar; la escena del padre saliendo del coche, llorando su muerte, borracho y cubierto de sangre, mesándose el pelo, les haría añorar un deseo imposible de volver atrás y seguir su viaje al colegio… Pero ya no son cuerpos… ahora son ángeles tomando la senda del Cielo.

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