Quizás…

Cuando la luz se hace los pequeños danzantes notan de pronto en sus piernas que tienen rienda suelta para gozar nuevamente de la dulce melodía, y ambos se envuelven en las románticas estrofas de la “La vie en rose”. Mientras, la inolvidable voz de Édith Piaf se deja recordar en ese entorno ardiente y placentero. Disfrutan ambos de la mutua compañía en ese corto amanecer, vuelta sobre vuelta y protegidos entre los ricos pliegues de un rojo terciopelo. Con sus manos entrelazadas, siempre fijos sus ojos en los del otro, eternamente enamorados, ella va vestida con blancos y suaves tules bordados, él ataviado con un negro frac, los dos hermosamente bellos, envueltos en una nube de romántico deleite, y sin embargo tan lejos el uno del otro, tan distantes y acartonados. Ella siente su arrullo de amor y al contacto de sus manos desaparecen en parte sus penas; pero hay algo que estorba su dicha plena… la distancia entre ambos que marcan sus brazos impide las suaves caricias de su guapo enamorado.

Tan cerca y tan lejos…

La joven se cansa del baile, y cierra con mucho cuidado la pequeña caja de música que ayer le obsequiara en su cumpleaños un joven amante recién estrenado. Quizás algún día los dos danzarían unidos del brazo un vals, una salsa, o un rabioso tango…

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