A la cuarta, la vencida

Cuando le encontré entre los abandonados cubos de basura el alma se me cayó a los suelos. Era pequeño y delicado, y su cuerpecillo temblaba con tan desesperado temor que mi voluntad se vio atrapada sin posible escapatoria. No era lástima lo que sentí en ese momento… era más bien un deseo irrefrenable de conquistar su pertenencia, ampararlo cerca de mí y no compartirlo con nadie. Jamás pensé que ese pequeño ser con aspecto tan rudimentario pudiera avasallar mi corazón, pero así fue, tengo que reconocerlo…

No, espera, volvamos atrás…

Tengo que reconocerlo, pero así fue… Jamás pensé que ese pequeño ser con aspecto tan rudimentario pudiera avasallar mi corazón. No era lástima lo que sentí en ese momento… era más bien un deseo irrefrenable de conquistar su pertenencia, ampararlo cerca de mí y no compartirlo con nadie. Era pequeño y delicado, y su cuerpecillo temblaba con tan desesperado temor que mi voluntad se vio atrapada sin posible escapatoria. Cuando le encontré entre los abandonados cubos de basura el alma se me cayó a los suelos.

No; no me convence… Creo que, de alguna manera, no sucedió así… A ver si consigo explicarlo mejor…

No era lástima lo que sentí en ese momento… era más bien un deseo irrefrenable de conquistar su pertenencia, ampararlo cerca de mí y no compartirlo con nadie. Era pequeño y delicado, y su cuerpecillo temblaba con tan desesperado temor que mi voluntad se vio atrapada sin posible escapatoria. Cuando le encontré entre los abandonados cubos de basura el alma se me cayó a los suelos. No era lástima lo que sentí en ese momento… Jamás pensé que ese pequeño ser con aspecto tan rudimentario pudiera avasallar mi corazón… Tengo que reconocerlo, pero así fue…

Aún no me parece suficientemente explícito… Veamos…

Tengo que reconocerlo, pero así fue… Era pequeño y delicado, y no era lástima lo que sentí en ese momento… El alma se me cayó a los suelos, y jamás pensé que ese pequeño ser con aspecto tan rudimentario pudiera avasallar mi corazón; era más bien un deseo irrefrenable de conquistar su pertenencia cuando le encontré entre los abandonados cubos de basura, y su cuerpecillo temblaba con tan desesperado temor que mi voluntad se vio atrapada sin posible escapatoria, ampararlo cerca de mí y no compartirlo con nadie…

Esto es… ¡Me gusta cómo queda ahora…! ─se aplaudió ruidosamente al quedar a su gusto la cuarta versión, llevándose el lápiz y el papel hacia el regazo y esbozando una amplia y bobalicona sonrisa…

─¡Venga, venga, viejo loco…! Deja ya de escribir sobre lo mucho que quieres a esa sucia cucaracha…, que estás cada día peor, tonto del culo… –le gritó el fornido celador dándole sopapos en el cogote, y se lo llevó a rastras hasta su acolchada celda sin más miramientos…

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