Uno + uno –

Entró con displicencia en el oscuro local y se sacudió los hombros como queriendo desembarazarse del intenso frío que gobernaba la deteriorada estructura de su inútil cuerpo. Apretó el pulsador tres, cuatro y cinco veces, hasta que salió el dependiente, y éste, al verle, con un grito aterrador se desplomó inconsciente sobre el negro terciopelo del mostrador sin poder atenderle. Con sumo cuidado de no tropezar, traspasó la entrada hasta el salón trasero, comprobó la calidad de las maderas y, tras su elección final, dejó mil dólares junto a una escueta nota: “Enterradme, por favor…he estado varios días expuesto al frío”. Después abrió la caja, tomó acomodo, se encerró y todo quedó en silencio en la funeraria.

En la cámara mortuoria del hospital psiquiátrico nadie notó la ausencia del cadáver. Total…, un loco menos o un loco más… ¡Qué más da!

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