Pater, mater, filius, frater

Los sucesos no se han desarrollado como estaba previsto; todo era experimental, pero se tenía la equivocada certeza de que la unión de tan nobles elementos daría un resultado enriquecedor. Sin embargo, el padre ha maltratado reiteradamente a la esposa, la esposa al padre, los hijos se han vuelto rabiosos contra ellos y, aún a costa de perder la gran dicha de un mutuo amor compartido, han luchado a muerte hermanos contra hermanos buscando colmar sus insaciables ansias de riqueza y poder. Todos han olvidado el valor de la sangre de su progenie; mezclaron sus envidias, bajezas, complejos y odios en el Gran Caldero y, mientras las llamas del Averno han visto cumplidas sus expectativas con la materia putrefacta de los cuerpos masacrados en esas intestinas guerras, calentándolo todo hasta la ebullición, la Gran Cuchara no para de batir con furia el venenoso caldo para seguir repartiéndolo entre las futuras generaciones. La pestilente mezcla ha roto en un sincopado chop, chop, chop; ya está sublimada…, a punto de crema y dispuesta para el infernal consumo. Ahora es imposible parar la cocina del dios Odio, mientras sus compañeras, Envidia y Codicia, le observan atentas, lamiéndose obscenamente sus puercos labios de vampiras viperinas…

Y la Diosa de la Vida gime con miedo, temiendo un pronto e inmenso fracaso.

(Del Libro de las Voces Silentes, Hecho 110)

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