Erectus

Sabedor de su inmensa ignorancia, el simio alzó su columna vertebral y oteó con miedo el corto horizonte, subió los cinco escalones del progreso y anudó fuertemente a su cuello la cuerda del conocimiento hasta casi exhalar el último aliento de inquietud y llenar su vacío cerebro de valiosos y cultos sedimentos. Después, ahíto de brillantes e ilustradas ideas, cayó en el pozo de la egolatría, abusó del poder y sojuzgó al resto de sus iguales creyéndoles ignorantes; con ello desanduvo el camino regresando al punto de partida, y entonces, de nuevo sabedor de su inmensa ignorancia, repitió otras mil veces más idénticos ahorcamientos de sabiduría, tropezones y desmanes… Hasta que la Naturaleza, mustia y asqueada de tantas y baldías regresiones, se cansó de asistirle y pactó con la Muerte su desaparición y el final de una empresa imposible.

(Del Libro de las Voces Silentes, Hecho 111)

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