El lago de los cisnes

─ ¡Con soltura… eso es! Y uno…, y dos…, y uno, y dos…, y uno, dos y tres…; no te pares, cielo… alza los brazos… eso es…; otra vez…, y uno, y dos…, y uno, dos y tres…, esa pierna… hasta el hombro… y uno…, y dos…, y uno, dos y tres… Media vuelta, dobla el torso y… alza esa barbilla, bonita… como si retaras… eso es… así me gusta…

Era un impenitente enamorado de Tchaikovsky, y el ballet de “El lago de los cisnes” era su pieza favorita. Todos observaron a aquel tipo dirigir magistralmente a la fría maniquí, y nadie se dio cuenta de que entró en el centro comercial con una camisa de fuerza.

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