El amor alimenta

Percibió su esbelta silueta tras la verde cortina y, aunque muy delgada y los brazos algo desproporcionados, sintió de repente una atracción fatal. Se acercó lentamente, paso a paso, proponiéndole primero unos simples juegos de ligeras caricias y, después de varios abrazos y fervientes miradas, se abandonaron al juego final cayendo ambos en un placentero clímax.

Él no se lo pensó dos veces, se adhirió febrilmente a su cintura y la cópula fue para ambos una dulce e incomparable eternidad.

Después, cuando apenas quedaron los últimos restos, la mantis rezó una lenta plegaria y ahora lamenta juntando sus patas lo poco que dura la felicidad…, aunque fuera muy alimenticia.

-o-o-o-o-o-

Esta entrada fue publicada en Microrrelato y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s