¡Blasfemo!

¡¡Me cago en Dios!! –exclamó colérico tras pillarse el dedo pulgar con aquella maldita puerta…

Al cabo de tres segundos sonó un gran trueno, una enorme plasta celestial cayó sobre él, abrazó al blasfemo con su candoroso, tierno y angelical detritus y ahogó su aliento entre agónicos estertores y feos improperios.

Si yo fuera Dios, hubiera hecho lo mismo.

-o-o-o-o-o-

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