Que sean felices…

─Quitemos el derecho a la propiedad privada…

─Ya lo hemos quitado, señor Presidente. Hace más de un año. Las gentes viven ahora en colmenas sociales y pagan por ello diez créditos al mes. Sus propiedades fueron confiscadas y repartidas entre nuestros militantes más adictos.

─Entonces, habrá que pensar en racionar los alimentos una sola toma al día…

─También lo hemos dispuesto, señor. El pan de almorta se distribuye diariamente en porciones de 100 gramos por trabajador como único alimento.

─No sé… estoy consternado; habrá que discutir entonces sobre la posibilidad de aumentar el horario laboral hasta las dieciocho horas. Algo hay que hacer… el trance es agobiante…

─Lo decidimos en el anterior consejo de ministros, Presidente, y ya está cumpliéndose. Las fábricas están produciendo a tope el pan de almorta y el resto de nuestros propios bienes de consumo.

─Rebajar los sueldos… Eso, rebajar los sueldos a diez créditos al mes… La Unión nos exige mano firme y adoptar medidas inteligentes, por el bien de todos.

─También tomamos esa decisión hace más de un mes; es el precio que pagan por usar la colmena social.

─Vale; disponga que los niños, los enfermos, las viudas y las embarazadas se incorporen a las fábricas. Ya está bien de holgazanear en las casas.

─También se ha hecho, señor Presidente. Los hemos destinado a la fabricación del pan de almorta, en exclusiva.

─Subamos entonces los impuestos…

─Hace un lustro que no existen los impuestos, como tales, señor Presidente. Se retiraron por falta de hechos imponibles, señor… El pueblo no tiene ahorros, carece de propiedades, sólo obligaciones,…

─Pues pongámosles un impuesto sobre sus obligaciones…

─Eso implicaría que no tendrían créditos suficientes para pagar la colmena social y habría que rebajarles el precio por su uso; sería lo comido por lo servido, señor… no es rentable.

─Entonces… ¿qué hacemos, Vicepresidente?

─Creo que debemos fomentar más la natalidad; necesitamos muchos más seres que nos mantengan. Debería usted ordenar la obligación de emparejarse y la fornicación diaria forzada en los momentos del descanso laboral. Imponga un mínimo de siete hijos por pareja… Tan sólo nos costaría aumentar un poco más la producción de pan de almorta…

─De acuerdo; publique la norma hoy mismo… Que forniquen, que forniquen… ¡Hay que darle al pueblo felicidad! ¡Ah… y deje sin efecto la asignación mensual de condones, no vayamos a fastidiarla!

─Sí señor; lo comunicaré enseguida a la Unión.

─Bien, entonces todos de acuerdo. Deber cumplido. Se levanta la sesión.

-o-o-o-o-o-

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cuento y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s