¡Plaff..!

Corrió nerviosamente por largos e interminables pasillos y transitó por desconocidas habitaciones que jamás había visto. Se encontraba perdido. Estaba intentado encontrar desesperadamente la salida pero en la última media hora no lo había conseguido, pese a su tozudo empeño.

─“¡Tienes que encontrar alguna forma de salir de aquí!” –se exigió a sí mismo con el corazón en un puño. La angustiosa situación le estaba superando aun a pesar de su extremada prudencia. Todo estaba entre sombras y después de tantas vueltas ya no acertaba a distinguir si era la quinta o quincuagésima vez que había cruzado esa misma esquina.

Pero contaba con su magnífica y dicromática vista.

Distinguió una larga y tenebrosa sombra y, sin pérdida de tiempo, se contrajo volviendo sobre sus pasos rápidamente. Tiritando de horror, en el compás de su huída, dando la vuelta a otra esquina y sin quererlo, fue a tropezar torpemente contra la astillada madera cuyos puntiagudos bordes sesgaron una pequeña parte de su grisáceo traje; al poco de rozarse sintió un abrasivo dolor que le incitó a lanzar un chillido contenido mientras los desbocados latidos de su corazón le ahogaban el aliento.

─“¡Tengo que escapar! ¡Mi vida está en peligro inminente!..” –se volvió a repetir lastimeramente.

Tratando de olvidar el doloroso rasguño, esta vez corrió en zigzag, sin tino alguno ni dirección planeada; paró, observó con detenimiento el entorno y, de pronto, casi sin quererlo, al fondo del pasillo…, allí estaba la salvación… ¡la entrada!..

─“¡Tienes que llegar a la entrada! ¡Dios…, por fin; allí está la entrada! ¡Corre, corre…, corre hacia la entrada!..” –le azuzó furiosamente su mente acelerándole, haciéndole contraer todos los nervios y músculos de su cuerpo y preparándolo ya para la salvación.

No la hizo esperar más: como una exhalación arrancó explosivamente en vertiginosa carrera y en apenas tres segundos, un…, dos…, tres…,

… ¡¡PLAFF!!

Perdió la vida sin lamento alguno.

Unos finos pelillos grises quedaron prendidos del astillado rodapié que remataba verticalmente el lujoso parqué, leves recuerdos ahora de quien salió a pasear y no supo volver.

La felina garra del silencioso gato fue el definitivo instrumento de su perdición.

-o-o-o-o-o-

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