Pero… ¿quién lo bautizó?

Buscaron la mirada hipnótica de sus docenas de ojos y se dieron un fuerte apretón a diez brazos; tocaron sus cuatro desdentadas bocas buscando el seco pálpito de los seis corazones; unieron las veinte manos enroscando los cuarenta dedos en sentido contrario a las agujas del reloj; sintieron la unión como algo necesario, ineludible, y de sus sienes surgieron –por fin- las seis docenas de apéndices que, al palparse, engendraron en un instante la vida del retoño, surgiendo de su unión la flor de un cactus.

Todo es rápido, muy limpio, de pie y sin dolor; es el acto amoroso de la procreación en el Planeta Vagina… Y son felices.

-o-o-o-o-o-

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