La plaza

Otro día más y tampoco he conseguido hacerme notar. Parece que nadie quiera escucharme. La pasada noche se me ha hecho más larga que de costumbre y hoy me espera un día ajetreado.

Por lo que dicen los carteles que han colocado los municipales en la plaza, hoy está prohibido aparcar en la zona; creo que se va a celebrar un acto de despedida al fallecido Doctor Mengod, inventor de una vacuna contra no sé qué, según he podido escuchar por los comentarios de algunos transeúntes.

Me imagino que, después de algunas hueras palabras, el preboste de turno descubrirá una placa en su honor; o, como mucho, si el presupuesto les alcanza -después de haberse hecho cobro de sus sagradas dietas, claro está-, colocarán un busto de piedra sobre un triste pedestal. No creo que lleguen a dedicarle una estatua.

Imagino que lo colocarán cerca de la fuente…, aquella que está a la izquierda, tras el magnolio. No es mal lugar; al menos por aquel ajardinado no transitan mucho los borrachos y las prostitutas de todas las noches. Aparte de ese sitio no creo que haya otro lugar más indicado.

Estoy seguro que la placa llevará en letras mayestáticas el nombre del insigne alcalde, mientras que el del homenajeado quedará medio encubierto por las apostillas de rigor: “En honor de Perenganitoal que debemos… y recordaremos…”, y bla, bla, bla.

Es lo de siempre; lo llevo viendo años y años…

… Pero antes vendrá el boato de la banda de honor, el corte de cintas, la entrega de recuerdos y toda la típica parafernalia politiquera. Después lo celebrarán con una gran fiesta del canapé en alguna de las salas más modernas de la ciudad, jactándose de la magnitud e importancia de su trabajo y olvidando para siempre al homenajeado Doctor Mengod. Acá se quede con sus inventos médicos, aunque sean muy beneficiosos para la humanidad. Son los trucos que utilizan para dejarse ver por el barrio, seguir descerebrando a sus munícipes y, de paso, hacer buena caja: ¡clinc, clinc, clinc!..

Parece mentira, pero el hombre jamás cambia de costumbres, aunque lo haga continuamente de decorados, cada vez más costosos. Al final, pasado un tiempo y sucedido aquel corregidor por otro de diferente color político, el heredero hará retirar ese busto para colocar el de algún otro personaje fallecido, más cercano a su cuerda e intereses. Y si no lo hay, se le inventa.

Es lo de siempre; no falla. Es como el interminable ciclo del agua.

Me pica la curiosidad. Me gustaría saber algo más de ese doctor, pero desde aquí no puedo escuchar el cotilleo de los ancianos jubilados que platican en la plaza, o la conversación de aquellas señoras ya entraditas en años que están cómodamente sentadas en aquel banco. Seguro que todos están hablando del homenaje de esta tarde. Bueno; tendré que esperar a que el alcalde proceda a leer su inevitable perorata. Desde el centro de la plaza dominaré casi todo el jardín y podré disfrutarlo en primerísima persona.

Detecto movimiento. Sí; ya vienen los operarios para instalar el busto…

… ¿Eh? ¿Qué intentáis? ¿Qué hace esa grúa? ¿Por qué me alzáis con esas cadenas? ¡Vais a romper mis brazos de blanca piedra, animales!.. ¿Adónde me lleváis?.. ¿Es que no me oís, salvajes…?

-o-o-o-o-o-

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