El besamuertos

─Lo siento –dijo el doctor-. Ha fallecido. Si le sirve de consuelo le diré que apenas se ha enterado; ha sido una muerte dulce… ¡Enfermera…! Apunte las 19,35 como hora de la muerte; aneurisma…, estallido de la aorta a nivel abdominal; hemorragia interna severa sin posibilidad de operación. Después acérqueme al despacho el papeleo necesario para certificarlo.

El doctor se retiró con aire compungido y deseó al familiar lo típico de estos casos.

… “─¡Ahh…, qué quietud más relajante! Creo que he dormido demasiado. Pero ahora me siento mejor… mucho mejor; es como si mi cuerpo se elevara en el éter. El doctor ha debido darme algún potingue de esos que te deja medio “groggy”, pero me siento bien,… muy bien. La verdad es que he tenido suerte esta vez; un poco más y no lo cuento, pero me lo han cogido a tiempo…”

Poco a poco las enfermeras fueron retirando los diversos aparejos médicos mientras dos celadores procedían de inmediato a la retirada del cuerpo para sustanciar los últimos trámites previos al duelo; ya se sabe, un acicalado completo: lavado, peinado, afeitado, coloreado, trajeado y encorbatado…; y con esa sonrisa medio tonta que el especialista deja en todos los cadáveres cuando son manipulados post mortem… Como si dijeran sordamente: “Hola… ¿cómo están ustedeees?..

Pero quedaría bien. Como un pincel… ¡como un verdadero pincel!

… “─¡Qué extraño! Todas esas luces parecen estrellas del firmamento; y dan la sensación de irse acercando cada vez a mayor velocidad. Sí,… ¡son estrellas!.. ¡Qué hermoso! Jamás hubiera podido imaginar un sueño tan real. Es… es… es… como si todo se hubiera vuelto inmaterial… volátil. Es extraño y hermoso a la vez, incluso alegre y horripilante al tiempo. ¡Qué sensación contradictoria tan extraña me embarga!…”

La tarde ya había cerrado sus puertas y la negrura de la noche inundó todo el entorno. El pequeño hospital se encontraba cercano a unas pequeñas calas y la fuerza de las olas empezó a hacerse sentir en el litoral inundándolo con cierta fiereza. La distante luna apenas conseguía platear las escasas dunas circundantes, y la transfigura del muerto pudo destacarse apenas un segundo mientras salía disparada en grises humos hacia un punto desconocido de la oscuridad total.

… “─Creo que me estoy mareando. Quiero salir de este sueño. Tengo una sensación de vacío que nunca había sentido. ¿Qué es eso?… ¡Dios santo; parece un cometa! ¡Sí… es un cometa! ¡Si parece que vuelo! ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí?…-Salió disparado a la velocidad de la luz- ¡Ay… me quemo! ¡Qué dolor!” –intentó gritar y sentirlo sin sentir mientras caía en el plúmbeo magma de un lejano sol y salía con urgencia por el otro extremo apenas un microsegundo después…

Gasas, gasas y más gasas. ¿Cuántas habían utilizado ya en la autopsia? ¿Quizás cinco o seis rollos? El estómago del sujeto estaba casi vaciado y hubo que rellenarlo bien antes de iniciar las últimas costuras. El estallido de la aorta había sido exuberante.

–Vale, trabajo terminado –dijeron-. Cosieron definitivamente y dieron el visto bueno tras unos minutos de somero examen.

–¡Celador!… Llévatelo al esteticista… ¡Y no le llames “Besamuertos”, que luego se enfada!…

… “No puede ser –intentó lloriquear-. Sigo vivo. No me ha pasado nada, Creí que iba a derretirme en el magma y nada me ha ocurrido. Esto tiene que ser un sueño…”

Dio un respingo lateral y por muy poco consiguió eludir una enorme roca incandescente salida inopinadamente de la inmensa negrura. Cuando otro meteorito mucho más enorme le atravesó sin causarle daño alguno quiso despertar de una vez de aquel horroroso sueño.

No consigo despertar. ¿Qué me has dado, maldito doctor? ¿Adónde voy?… Qué hago en el espacio?…”

─A ver que me traes, compañero. ¡Vaya! Parece que no tendré con éste mucho trabajo. Con un lavado, un peinado y poco más te lo tendré listo en una hora y media, más o menos. Deja la camilla en el centro de la estancia y yo me encargo de llamar a Administración para su recogida, y que lo pasen a la vitrina de duelodijo el esteticista.

─Vale. Pero no te encariñes con él…, “Besamuertos” –le atacó malamente el celador con sorna, saliendo disparado después hacia las batientes puertas de la sala.

─¡Me cago en ti,… mamón! –intentó saltar sobre él sin conseguir agarrarle.

Afuera las mortecinas luces de las farolas alumbraban quedamente el húmedo pavimento. Las olas se dejaban oír en pequeños bocadillos de rumor, pero el ambiente no invitaba al paseo. Todo era ajeno a lo que dentro ocurría; era lo de todos los días, y la naturaleza no le daba la mayor importancia.

Comenzó a caer a una velocidad vertiginosa, o al menos eso le pareció. Vio acercarse como un grandioso tren desbocado la superficie del mar, y cuando su transfigura cortó como una cuchilla los cien metros de profundidad en un lugar no muy lejos de la playa hasta llegar al fondo, algo le susurró:

“…Descansa; ha llegado el momento. Otra vida tendrás diferente a la ya vivida. La vida es energía y tu ser no se desvanece por el hecho de la extinción material. Hazte con tu nueva forma y perfecciónate. Tienes una nueva oportunidad “.

Sintió una horrible sensación. Pegajoso… estaba pegajoso y asquerosamente húmedo. Su cuerpo moqueaba constantemente y se vio rodeado de redondas burbujas.

“─Creo… creo que estoy muerto,… pero… ¡Dios mío! ¿Estoy muerto?… No… ¿estoy vivo…? ¡Sí, estoy vivo! Pero… pero…  ¡Almeja! ¡Soy una almeja!.. ¡Cómo es posible?…”

El pobre bicho cerró las valvas y se dispuso a administrar todo su tiempo en el silencio de las salinas aguas que le rodeaban.

La reencarnación a veces nos juega malas pasadas. Creer en ella supone asumir “ciertos riesgos”.

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