Don Fulgensio

─¿Sabe usté, amigo Luí, que la Paca está pirriá por el Toño? Ayier mismo m’encontré con Tolo, el de la tía Mersé, y m’ensinuó al oío que anda detrás d’él como un mula en selo. La muy guarra parese sé que no lo oculta a naide; dise que se pasea por el pueblo como si tal cosa oliendo los peo que se tira el Toño, y ora s’anda con esas pantalonas moernas que paesen el culote d’una corista…, para que se le marquen bien las matrículas, la muy desvergonsá. Si se viste de Virhen de la Macarena no la hase paresé peó; ¡vaya pinta!.. Paese la torre Ifel ésa, espatarrá y huesona. ¡Si la tía no tié ni pa un pellisco!

─¡Qué me dise, don Fulgensio!.. Cuidao que está usté hoy de mal pensao…

─El caso es que, según me cuentan, el Toño no la huye del tó, y no me extrañaría que lo haigan hesho a escondía de los demá, que estos son mu laínos y aprovechan la falta de luses pa hasé sus marranás en la cuadra de su pares, según ma disho el Tolo. Claro, que también el Toño no hase asco ni a la vieha burra Federica, la qu’entoavía está colgá en la carnesería del Felipe esperando que la compren en filetes. Y es qu’el Toño es musho Toño; ya en la mili tuvieron que darle triple rasión de bromuro, según dise el teniente de la Guardia Siví, que tenía a tó el pabellón en continua imahinaria, el shavá… ¡Menúo!

─Pero, don Fulgensio, que la Paca está casá; no diga usté bestialiaes…

─Que sí, que sí, amigo Luí, que el Tolo es mu amigo del Toño y sabe lo que se dise. Que el André, el marío de la Paca, es má simple qu’el mango d’una perindola, qu’está el gashó tó el día metío en casa y no se entera de ná, contando las cuatro mierdesilla de ahorro que tié guardaos baho l’almohá y viendo la revista de tías guarra que l’ha regalao su muhé pa que la dehe en pá, y así tené libertá pa hasé lo qu’ella quiera hasé. ¡Menúa bisha está hesha, la mu lagarta! Es una víbora putona… ¡Disen que se l’ha montáo hasta con el gallo de su casa!

─Anda quillo, pónnos otros dó vinito; y que estén bien fresquito, que don Fulgensio está con fiebre y nesesita refriherio. ¡Menúa imahinasió! ¡Madre del amó hermoso!..

─No me quiés hasé caso, Luí. Mira… ahí entra el Tolo; vamo a vé si miento… ¡Cashendié! Eh, Tolo, a la pá de Dió; ven aquí pisha, que tenemos que haserte unas preguntas…

─A la pá de Dió, señó Fulgensio; hola, señó Luí. Ustés dirán…

─Mira, qu’el Luí no se cré lo del Toño y la Paca. Que le he contao lo enrollao qu’están los dó y me dise que son figurasiones mía. Cuéntaselo tú, mi arma, has el favó, a ver si se convense este vieho malcreío…

─¿De qué me habla, don Fulgensio? ¿Qué es lo del Toño y la Paca?..

─Pero bueno… ¿estás de coña conmío, compare? ¿Me vá a dehá ora en mal lugá, pisha? ¿No me dihiste l’otra mañana que la Paca tiene trato con el Toño, que está con él como una mula en selo, que le persigue como oliendo sus peo y que se lo hasen a escondías en la cuadra de su pares..?

─Vamo, don Fulgensio…, tié usté que visitá al matasano, que sus trompa d’ustaquio están ya un poco atapuerca. Yo le dihe que la Paca está en trato con el Toño pa vendehle la mula que tiene en selo, que no se la va a vendé por meno de dó talego y que si lo hase será pa reformá la cuadra de su pares… ¡Vaya mente má coshina que tié usté, don Fulgensio!.. ¡A tó le saca punta por el mismo filo, vieho verde!..

Ayyy…; lo que hase perdé la libido… ¡Quillo… pónme un vinito, pisha!

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